
Las redes sociales nos permiten interactuar con otros, hacer networking y compartir nuestras aventuras en el exterior, pero también es cierto que ha transformado la manera en que nos comunicamos y eso hasta limites que de no controlarse pondrían en riesgo la estabilidad de una nación.
Si bien es cierto, las personas aprovechan el acceso a medios sociales para hacer amigos, negocios o conseguir pareja, también es momento de pensar sobre la cantidad de información falsa que se difunde, dañando la reputación de otros, poniendo en riesgo la integridad física y moral e incluso influyendo en elecciones de presidentes.
Uno de los beneficiados de esto último fue Barack Obama, expresidente de Estados Unidos, quien gracias a las redes sociales pudo llegar a la presidencia, a pesar de ello, hace algunos días afirmó que es necesario que haya mayores regulaciones, obre las redes sociales, ya que, según dice, permiten expresar lo peor de las personas.
Si bien el mundo entero se puede conectar a través de herramientas y tecnologías que lo hacen posible, también es cierto que hay un mal uso por una cantidad de personas pueden poner en riesgo Estados democráticos.
Sin embargo, hablar de regular las redes sociales también es violentar el derecho de las personas al empleo de sus derechos para expresar sus opiniones.
En Colombia existe la libertad de conciencia que está protegido constitucionalmente, por lo que el debate se torna complejo, ya que la tecnología avanza más rápido, que el derecho.
Pero creo que es necesario un trabajo articulado y un mayor compromiso de los gigantes tecnológicos a fin de contrarrestar la desinformación y por parte de los Estados, exigir desarrollar mejores controles de seguridad sobre los algoritmos que controlan las redes sociales.
Gracias a la #tecnología es posible que millones de personas puedan participar de campañas políticas, el problema con esto es que muchos utilizan el anonimato de las redes para polarizar la sociedad a través de manipulación ideológica, utilizando contenidos fuera de contexto y amedrentando quienes piensan o creen algo distinto a ellos.
Existe actualmente lo que algunos académicos llaman la #ciberdemocracia, que no es más que el fomento de la participación ciudadana de los asuntos del Estado en el cual viven.
Contrario a esto, una realidad es que no todos tienen acceso a los medios tecnológicos suficientes para conectarse con el mundo, si bien la inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta que ayude a optimizar los tiempos de respuesta de procesos acumulados en un despacho, a menos que se garantice el acceso a la totalidad de la población rural, habrá siempre inequidad y por ende una deuda por parte del Estado para con sus ciudadanos.
También representa un desafío, ya que los algoritmos son líneas de códigos programados por personas de carne y hueso, con convicciones, ideologías y creencias personales, que al final de manera directa o indirecta son ingredientes que están presentes en la configuración de dicha programación.
Por eso, como decía Obama, es necesario aumentar los niveles de evaluación a fin de garantizar la seguridad y la transparencia de los algoritmos que reduzca los niveles de alerta frente a sesgos que generen discriminación y exclusión social.
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